Las emociones forman parte de nuestra vida desde el primer momento. Las experimentamos ante lo que nos ocurre, ante lo que pensamos, ante las relaciones que establecemos y también ante aquello que imaginamos que puede suceder.
Son estados afectivos complejos que aparecen como respuesta a determinadas situaciones y que cumplen una función esencial: ayudarnos a adaptarnos a nuestro entorno.
A veces hablamos de las emociones como si fueran un problema que tenemos que solucionar. Queremos dejar de sentir miedo, tristeza, rabia o ansiedad porque nos resultan incómodas. Sin embargo, las emociones no aparecen porque sí. Cada emoción nos aporta información sobre lo que está ocurriendo dentro de nosotros y sobre cómo estamos interpretando aquello que sucede a nuestro alrededor.

Por eso, más que preguntarnos «¿cómo puedo dejar de sentir esto?», quizá sea más útil preguntarnos:
¿Qué me está queriendo decir esta emoción?
Las emociones nos proporcionan información
Las emociones pueden ofrecernos información muy valiosa para comprender nuestras necesidades, nuestros límites, nuestros deseos y aquello que consideramos importante.
El miedo puede advertirnos de una posible amenaza.
La tristeza puede aparecer ante una pérdida y señalar la necesidad de recogimiento o apoyo.
La rabia puede indicarnos que percibimos una injusticia, una amenaza o que alguno de nuestros límites ha sido sobrepasado.
La alegría puede mostrarnos aquello que nos resulta gratificante y que queremos mantener o repetir.
Esto no significa que la información que proporciona una emoción sea siempre una descripción objetiva de la realidad. Sentir algo no significa necesariamente que aquello que pensamos sea cierto. La emoción nos informa, pero después necesitamos interpretar esa información y decidir qué hacer con ella.
Ahí es donde adquiere importancia la conciencia emocional.
¿Cómo se manifiestan las emociones?
Cuando experimentamos una emoción, nuestra respuesta se produce a diferentes niveles que están relacionados entre sí.
1. Nivel fisiológico
Nuestro cuerpo responde. Puede aumentar la frecuencia cardíaca, aparecer tensión muscular, cambios en la respiración, sudoración, sensación de calor o frío, molestias en el estómago…
El cuerpo se prepara para responder ante aquello que estamos experimentando.
2. Experiencia subjetiva
Es la forma en la que vivimos y sentimos esa emoción.
No todas las personas experimentamos una misma situación de la misma manera. Lo que para alguien puede generar miedo, para otra persona puede generar curiosidad o incluso entusiasmo.
Nuestra historia, nuestras experiencias previas, nuestras creencias y la interpretación que hacemos de una situación influyen en cómo vivimos emocionalmente lo que nos ocurre.
3. Respuesta conductual
Las emociones también pueden impulsarnos a actuar.
Podemos huir, acercarnos, buscar ayuda, enfrentarnos, aislarnos, hablar, llorar, protegernos o intentar resolver aquello que nos preocupa.
Y aquí encontramos algo especialmente importante: sentir una emoción no nos obliga a actuar de una determinada manera.
Podemos sentir rabia y decidir no responder desde la impulsividad.
Podemos sentir miedo y, aun así, hacer aquello que consideramos importante.
Podemos sentir tristeza y permitirnos pedir ayuda.
La emoción aparece, nuestra respuesta puede ser elegida.
Las tres grandes funciones de las emociones
Las emociones cumplen diferentes funciones que nos ayudan a desenvolvernos en nuestra vida cotidiana.
Función adaptativa
Las emociones nos preparan para responder a las demandas del entorno.
El miedo puede prepararnos para protegernos ante un peligro. La tristeza puede favorecer la búsqueda de apoyo después de una pérdida. La alegría facilita el acercamiento y la repetición de experiencias gratificantes.
En este sentido, las emociones han sido fundamentales para nuestra adaptación y supervivencia.
Función motivacional
Las emociones también nos movilizan.
Nos acercan hacia aquello que nos resulta importante y nos alejan de aquello que percibimos como amenazante o perjudicial.
Una emoción puede convertirse en un impulso para actuar: buscar una solución, pedir ayuda, establecer un límite, reparar una relación, protegernos o acercarnos a aquello que valoramos.
Por eso, las emociones están estrechamente relacionadas con la motivación.
Función social
Las emociones también tienen una importante función en nuestras relaciones.
A través de nuestras expresiones, nuestro tono de voz, nuestros gestos o nuestra conducta comunicamos a los demás cómo nos encontramos.
Las emociones permiten que los demás puedan comprendernos y responder a nuestras necesidades, y también nos ayudan a interpretar lo que sienten otras personas.
De esta manera, las emociones facilitan la comunicación, la vinculación y las relaciones interpersonales.
No se trata de eliminar las emociones, sino de aprender a relacionarnos con ellas
Una de las dificultades que podemos encontrar es intentar vivir evitando aquellas emociones que nos resultan desagradables.
Intentamos no sentir miedo, no estar tristes, no enfadarnos, no preocuparnos…
Pero una vida sin emociones incómodas tampoco sería una vida emocionalmente saludable.
El objetivo no debería ser conseguir que determinadas emociones desaparezcan, sino desarrollar la capacidad de reconocerlas, comprender qué información nos aportan y decidir cómo queremos responder.
Porque entre sentir una emoción y actuar desde ella existe un espacio.
Y aprender a ampliar ese espacio nos permite responder de una manera más consciente y coherente con la persona que queremos ser.
Escuchar nuestras emociones sin dejar que decidan por nosotros
Las emociones forman parte de nuestra experiencia humana. No podemos elegir siempre lo que sentimos, pero sí podemos aprender a observarlo, comprenderlo y relacionarnos de otra manera con aquello que aparece.
Una emoción puede decirnos:
«Presta atención».
Pero no necesariamente:
«Actúa inmediatamente».
Escuchar nuestras emociones significa darles un lugar, comprender su mensaje y utilizar esa información para tomar decisiones más conscientes.
Porque conocer nuestras emociones es también una forma de conocernos a nosotros mismos y cuanto mayor es nuestra conciencia emocional, mayor puede ser nuestra capacidad para elegir cómo queremos responder ante lo que la vida nos ha planteado.
Fdo: Alicia Fernández Valverde